Comisión Federal de Electricidad: la respuesta empieza antes del huracán

La estructura nacional de la CFE permite movilizar personal y equipos especializados para atender emergencias eléctricas tras huracanes.

Comisión Federal de Electricidad: la respuesta empieza antes del huracán

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Luis Rancé

Después de un huracán, entre calles obstruidas, postes derribados y viviendas dañadas, la llegada de los camiones de la Comisión Federal de Electricidad tiene un significado inmediato para la población. Empieza la recuperación. Lo he visto muchas veces: la CFE suele ser la primera institución cuya respuesta eficaz se hace visible, y la electricidad, uno de los primeros servicios que vuelven a funcionar.

Conviene decirlo y reconocerlo. Quienes hemos dedicado nuestra vida profesional al sector eléctrico sabemos lo que representa levantar una red destruida. Cada poste que vuelve a su sitio, cada transformador instalado y cada circuito recuperado requieren conocimientos, materiales, coordinación y trabajo físico, frecuentemente en condiciones muy difíciles.

Esa respuesta comienza mucho antes de que el huracán toque tierra. Desde que se identifica una amenaza, se sigue su trayectoria y se evalúan las instalaciones que podrían resultar afectadas. Se preparan recursos y se desplazan cuadrillas hacia puntos estratégicos, buscando que estén disponibles tan pronto como las condiciones permitan intervenir con seguridad.

Los apoyos pueden llegar desde distintas partes de la República. La cercanía importa, pero también la disponibilidad de personal especializado y del equipo necesario. Una grúa, un transformador de repuesto o una planta de emergencia deben encontrarse donde hacen falta. También hay que prever combustible, alimentos, alojamiento y comunicaciones para quienes realizarán las reparaciones.

Aquí aparece una ventaja concreta de la estructura nacional de la CFE. Una empresa estatal que opera las redes de transmisión y distribución puede movilizar recursos de numerosas regiones bajo una coordinación común. Esa capacidad de concentrar esfuerzos es una de las ventajas que puede ofrecer un monopolio estatal cuando dispone de organización y personal competente para responder.

En un esquema de empresas privadas, cada compañía tiene como prioridad restablecer el servicio en su propia zona. Existen acuerdos de ayuda entre ellas que también permiten grandes movilizaciones. La estructura nacional de la CFE facilita reunir recursos bajo un mando común y dirigirlos hacia donde más se necesitan. Su experiencia frente a huracanes se ha construido durante décadas.

Otis dejó en Acapulco una muestra dramática de la magnitud de esa tarea. Hubo que recuperar líneas, sustituir postes y restablecer circuitos entre una destrucción extraordinaria. La movilización de personal, equipos y materiales permitió emprender esa labor con un objetivo inmediato: devolver la electricidad a una población golpeada por el desastre.

El recuerdo de Katrina en Nueva Orleans muestra que la recuperación eléctrica puede prolongarse durante semanas e incluso meses. Allí, las inundaciones provocadas por la ruptura de los diques impidieron intervenir normalmente en amplias zonas. Cada desastre presenta dificultades distintas. La comparación ayuda a comprender la magnitud del trabajo, siempre que consideremos las condiciones que enfrentaron las cuadrillas.

El restablecimiento exige establecer prioridades. Recuperar una línea de alta tensión o una subestación puede permitir que miles de usuarios vuelvan a tener electricidad. Los hospitales, los sistemas de agua potable y otros servicios esenciales requieren atención preferente. Después continúa el trabajo en las redes de los barrios y en las conexiones particulares, donde persisten daños que deben resolverse individualmente.

Para la población, todo esto se traduce en cosas sencillas y fundamentales. Puede volver a funcionar una bomba de agua, conservarse la comida en un refrigerador o recargarse un celular para avisar a la familia. Un comercio puede abrir y una calle recuperar su iluminación. La electricidad facilita que muchas otras actividades se normalicen.

Detrás están los ingenieros, operadores, linieros y trabajadores de apoyo que dejan temporalmente sus hogares para atender una emergencia lejos de ellos. Hay jornadas prolongadas, cansancio y riesgos que exigen disciplina, bajo la enorme presión de restablecer el servicio. Esa entrega y esa mística de servicio son encomiables. Su esfuerzo merece que conozcamos algo más que el porcentaje de usuarios reconectados en un comunicado.

He visto el alivio que produce el regreso de la luz. La gente reconoce a quienes llegan a reparar lo que el huracán destruyó. Ese reconocimiento es justo y debe expresarse también desde una columna dedicada a la energía. La capacidad de respuesta de la CFE ante estas emergencias es un patrimonio técnico y humano que México debe cuidar.

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