Dos Bocas: el fichaje récord que no está rindiendo

El proyecto emblemático de soberanía energética presenta un sobrecosto del 130% y una producción decreciente.

Dos Bocas: el fichaje récord que no está rindiendo

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El futbol de estufa vive su momento más intenso. Cada verano, los clubes abren la cartera en busca de fichajes capaces de romper el mercado. Llegan las negociaciones millonarias y con ellas las expectativas desbordadas. Sin embargo, la historia del futbol ha dejado una lección muy clara: los fichajes más caros no siempre son los mejores.

Esta temporada, el mercado volvió a romper récords. El traspaso más costoso fue el de Morgan Rogers, del Aston Villa al Chelsea, por cerca de 138 millones de euros, equivalentes a unos 160 millones de dólares. Ya son cuatro jugadores que superan la barrera de los 100 millones de dólares, todos adquiridos por clubes de la Premier League. Pero ningún aficionado puede asegurar hoy que esas inversiones serán un éxito. De hecho, el propio Rogers ha generado dudas entre analistas y aficionados. 

Algo parecido está ocurriendo con la refinería de Dos Bocas. Se trató de uno de los proyectos emblemáticos del gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador. Su construcción fue presentada como el eje de la llamada soberanía energética: la apuesta para reducir la dependencia de combustibles importados y fortalecer la capacidad productiva de Pemex.

Originalmente, Dos Bocas tendría un costo cercano a los 9 mil millones de dólares. Sin embargo, la cifra final superó los 21 mil millones, un sobrecosto cercano al 130%. Como cualquier inversión de esa magnitud, era de esperarse que generara resultados igualmente extraordinarios.

Y ahí es donde aparecen las dudas. La refinería fue diseñada para procesar hasta 340 mil barriles diarios de petróleo. Su mejor desempeño ocurrió en diciembre del año pasado, cuando alcanzó 263 mil barriles diarios, equivalentes al 77% de su capacidad instalada.

Lo lógico habría sido que, conforme avanzara su etapa de estabilización, la producción continuara aumentando hasta acercarse a su máximo potencial.

Pero ocurrió exactamente lo contrario. Durante 2026, la producción ha mostrado una tendencia descendente. En junio procesó apenas 141 mil barriles diarios, el 41% de su capacidad. En promedio, durante este año ha operado alrededor de la mitad de su potencial. El problema no es que todavía no alcance el 100% de su capacidad. El problema es que, después de registrar su mejor desempeño, ha retrocedido de manera sostenida a lo largo del año. Esto significa que una de las inversiones públicas más importantes en la historia reciente de México está generando un rendimiento inferior al esperado. 

En el futbol ocurre exactamente lo mismo. Un fichaje de 160 millones de dólares no se recuerda por el monto del traspaso. Se recuerda por los campeonatos que ayudó a ganar, por los goles que marcó o por el legado que dejó en el club. Si no produce dentro de la cancha, el precio termina convirtiéndose en parte del problema y no de la solución.

Es cierto que no toda obra pública debe evaluarse únicamente por su rentabilidad financiera. Existen proyectos con beneficios sociales o estratégicos que trascienden los números. Pero cuando una obra se presenta como un proyecto productivo, capaz de fortalecer las finanzas nacionales, impulsar la autosuficiencia energética y generar rendimientos para el Estado, resulta inevitable medirla por sus resultados.

La discusión sobre Dos Bocas no debería centrarse únicamente en cuánto costó construirla. Lo verdaderamente importante es cuánto produce, cuánto aporta y si está generando el rendimiento que justificó una inversión de esa magnitud.

Porque, al final, ni los gobiernos ni los equipos de futbol son evaluados por las expectativas que generan antes del partido. Son evaluados por el marcador. Y, hasta ahora, el fichaje récord del sexenio sigue jugando muy por debajo de lo que prometía.

Jesús Vaca Medina

Doctor en Estudios Fiscales

@jesusvacamedina

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