Fracking: la promesa incumplida de Sheinbaum

El gobierno de Sheinbaum enfrenta el dilema energético y la dependencia del gas estadounidense mientras reconsidera el fracking.

Fracking: la promesa incumplida de Sheinbaum

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Juan Ortiz

Claudia Sheinbaum prometió varias veces que en México no habría fracking. Lo dijo al arrancar su campaña presidencial en marzo de 2024 y volvió a repetirlo ya desde Palacio Nacional en diciembre de ese mismo año. Ahora su gobierno hace consultas técnicas para usar este método en el norte del país. 

Cambiar de política puede ser válido si cambian las condiciones. Lo que Sheinbaum debe explicar es qué ocurrió para pasar de una prohibición tajante a estudiar bajo qué condiciones podría hacerse. Negar que existió la promesa evita justamente esa rendición de cuentas

SÍ FUE PROMESA

El registro de esa promesa está ahí desde la campaña. El 1 de marzo de 2024, al arrancar la carrera por la Presidencia, Sheinbaum dijo que no permitiría extraer hidrocarburos mediante fractura hidráulica. Hasta la frase quedó en el punto 87 de 100 pasos para la Transformación. Esta idea fue repetida en otras ocasiones en su campaña. 

El 6 de diciembre de 2024, ya como presidenta, volvió a cerrarle la puerta: "No va a haber fracking". Tampoco era una idea que salió de la nada. López Obrador había defendido esta postura e intentó llevar esa prohibición al artículo 27 constitucional dentro de su paquete de reformas del llamado plan C. 

El Congreso nunca terminó de aprobar esa parte. Esa omisión dejó abierta la vía jurídica que hoy usa el gobierno de Sheinbaum. Por eso resulta difícil sostener que la postura actual sea compatible con lo prometido. Hubo un compromiso electoral y hubo una reiteración presidencial. Ahí están los videos. 

EL DILEMA ENERGÉTICO

Aunque se entiende, en parte, la razón del cambio de discurso. El fracking busca extraer gas o petróleo atrapado dentro de roca muy compacta. Se hace una larga perforación vertical y después continúa horizontalmente. Luego se inyecta líquido a presión para abrir pequeñas fracturas y liberar el hidrocarburo.

Estados Unidos apostó fuerte por esa tecnología y hoy es de los principales exportadores de energéticos del mundo. Mientras, México importa alrededor de 75% del gas que consume y buena parte llega desde Texas, producido precisamente mediante técnicas no convencionales. Sheinbaum usa esa dependencia para ondear la bandera discursiva de la "soberanía energética". 

Así que ese dilema existe y merece un debate serio. Depender tanto del gas estadounidense vuelve vulnerable al país frente a tensiones comerciales o cortes de suministro. Pero reconocer esa necesidad energética obliga todavía más al gobierno de Sheinbaum a explicar por qué una técnica rechazada por el obradorismo ahora merece ser considerada. 

CAMBIAR SIN RECONOCER

El comité técnico convocado por Sheinbaum ya recomendó descartar el fracking en la zona Tampico-Misantla por sus condiciones ambientales y mantener bajo evaluación otras zonas más al norte del país. También planteó usar agua salada y reciclar buena parte del líquido empleado. Esa ya es una discusión sobre condiciones de uso, bastante distinta de una prohibición general como la prometida en campaña.

Sheinbaum puede defender que la realidad energética cambió y que México necesita reducir su dependencia. Lo que no debería hacer es mentir sobre lo que prometió en campaña. Sobre todo, en medio de un debate sobre el derecho de las audiencias a recibir información real. Resulta incongruente exigir a los medios de comunicación ética e integridad, cuando se recurre a la mentira en las conferencias matutinas. 

EL DATO INCÓMODO

En la Línea Z del Tren Interoceánico se documentan 21 incidentes desde diciembre de 2023, prácticamente uno cada 45 días, según El Universal. El más grave dejó 14 muertos. En otro, la Presidenta evitó llamarlo como descarrilamiento y dijo que los vagones sólo "se movieron".

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