El jugador estadounidense Jehyve Floyd utiliza sus libros para abordar la salud mental y apoyar a otros atletas.
Jehyve Floyd y cómo sobrevivir a uno mismo


Por: Sergio Bibriesca
X: @SergioBibriesca
Los hombres atletas "no son fuertes ni invencibles". Jehyve Floyd, pívot estadounidense de 29 años del equipo Estudiantes de la segunda categoría del baloncesto español, tuvo una infancia en la que sufrió una gran ansiedad y depresión, que lo llevó incluso a tener pensamientos suicidas.
Hoy, además de ser un pilar en el conjunto que compite en su primera temporada en España, es autor de un par de libros –Godfidence (que ha triunfado en Amazon) y Rehabilitation of a Black Man´s Heart–, que utilizó para enfrentar y abordar a sus demonios.
"En mi primer libro, lo conté absolutamente todo. Sabía lo que quería decir", dijo el jugador al diario Marca. Floyd –que evoca a George Floyd, el Gigante Amable, quien jugó basquetbol y futbol americano en su juventud, muerto por el racismo de la policía estadounidense en 2020– sorteó una infancia marcada por la dureza de su padre. "Mi motivación siempre fue demostrarle a mi padre que se equivocaba", agrega el pívot de 2.04 metros.
En otra entrevista en El País, el célebre basquetbolista, ya uno de uno de los favoritos de la afición de su club, cuenta que su padre era pastor de iglesia. "Gran parte de mi vida giraba en torno a la iglesia, todo estaba muy organizado y mi padre esperaba que fuéramos mejores que él. Había pasado por momentos difíciles y le tocó madurar muy rápido. Esa experiencia la trasladó a nosotros. Quería enseñarnos a ser hombres desde muy jóvenes y no tuvimos tiempo de ser niños", relata.
Para mantener esa línea, su padre ejerció violencia física contra Jehyve y sus seis hermanos: "En nuestra comunidad, eso es prácticamente una forma de disciplina, un castigo, es algo que se remonta a la época de la esclavitud. Cuando uno está creciendo, es algo que se percibe como normal, pero con el tiempo te das cuenta de que no lo es".
La familia se rompió y el matrimonio acabó. Jehyve fue el único hermano que se quedó con su padre y se abrió una etapa en la que pensó en el suicidio. "Fue como si la vida real comenzara de golpe aun siendo pequeño. Yo tenía miedo. Mucha ansiedad. No creía ser capaz de estar a la altura de sus expectativas. Me sentía muy confundido y siempre intentaba exigirme más a mí mismo. La vida se volvió demasiado pesada. No sabía si podía salir adelante. Cuando mi familia se desintegró, sentí que ya no había ninguna razón ni propósito para vivir".
En esa etapa un profesor lo salvó. Avisó a servicios sociales y Floyd acudió a terapia con apenas 11 años. "Mi fe me ayudó a seguir adelante. Me salvó. Y el baloncesto fue mi vía de escape. Creo que por eso se volvió tan importante para mí. Pensaba que, si me iba bien, podría conseguir una beca para la universidad, ser profesional, ayudar a mi madre y crear mi propia familia. En definitiva, una realidad diferente a aquella en la que crecía. Se trataba de tomar el dolor que viví de niño y usarlo como base para construir una nueva vida", recuerda.
Jehyve –una de las maneras de llamar a Dios en hebreo– ha logrado salir a flote, pero muchos atletas –de los que se sabe– viven batallas internas. En 2023, el Comité Olímpico Internacional reveló en un estudio que 33.6 por ciento de los deportistas de élite (uno de cada tres) sufre de ansiedad y depresión. Además, indicó que, tras finalizar sus carreras, 26.4 por ciento de estos atletas experimenta intensos problemas de salud mental.
"Todos los atletas somos seres humanos. Pasamos por situaciones fuera de la cancha que no se tienen en cuenta cuando la gente critica nuestro rendimiento. Por eso ya hace años, antes del covid, me di cuenta de que no se le daba la debida importancia a la salud mental. Como atleta, decidí empezar a hablar de ello y buscar un espacio seguro para que los hombres podamos hablar de nuestros sentimientos", dice Floyd.