México, una caída anunciada

El consultor Bernardo Gómez del Campo expone cómo la corrupción y la ineficiencia en las fuerzas de seguridad han profundizado la crisis en México.

México, una caída anunciada

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Bernardo Gómez del Campo

"Si tú no trabajas por tus sueños, alguien te contratará para que trabajes por los suyos"

Tony Gaskins

Desde 1993, cuando pertenecía a la Policía Judicial Federal Antidrogas, en el extinto Instituto Nacional para el Combate a las Drogas, dependiente de la PGR, veía venir una grave crisis de seguridad.

Se proyectaba en el Congreso la ley contra la delincuencia organizada, que consideraba 11 delitos –hoy 22–, principalmente contra la salud.

México estaba repartido entre cuatro grandes cárteles: Tijuana, Sinaloa, Juárez y Golfo. Todos, menos el último, originados en Sinaloa y creados por un par de familias.

Respetaban rutas de trasiego, no territorios ni plazas como hoy. Les preocupaba que su mercancía llegara a tiempo, no apropiarse de territorios, administrar gobiernos ni vincularse con partidos. El predial criminal, la extorsión y el derecho de piso eran inimaginables.

Pero se formaba una grave ámpula de ineficiencia y corrupción que terminó invadiendo el cuerpo institucional, político, empresarial y social.

Como novel policía y estudiante de Derecho, advertí que la filosofía jurídica enseñada no coincidía con las operaciones.

Había cuatro rutas criminales administradas por sus capos y, en espejo, por cuatro primeros comandantes, máxima autoridad de la Policía Judicial Federal. "Administraban", a modo, la investigación y persecución: muchos aseguramientos de drogas y vehículos, pocos detenidos, todos de poca monta, y millones de dólares en manos de esos funcionarios, que presumían ante la fuerza policial.

Me atrevo a decir que lo mismo sucedía en la Policía Federal de Caminos, las estatales, municipales y fiscalías.

Se creó al funcionario policial "vivo, avezado, tramposo y corrupto, pero admirado". Ese perfil se normalizó en nuestras fuerzas de seguridad y convirtió a esos patéticos personajes en aspiración de niños y jóvenes.

Mi frustración me llevó a desarrollar mi tesis con propuestas jurídicas, políticas y operativas para enmendar el camino. Se convirtió en mi primer libro, publicado por Porrúa.

No concebía que lo aprendido representara basura para esos comandantes, que el destino mexicano estuviera "echado" y que miles de jóvenes con vocación social y técnico-policial no tuviéramos cabida, quedando marcados como corruptos e ineficientes.

Tras 36 años de carrera, en todas, sí, en todas las instituciones por las que he transitado, encontré la misma patética fórmula: corrupción e ineficiencia, generadoras de décadas de impunidad criminal, social, empresarial y política.

Se trata de una de las carreras que deberían ser más sublimes del mundo, pero quienes llegamos con vocación y preparación terminamos sin reconocimiento, sin oportunidades y con nuestras aspiraciones profesionales interrumpidas por esa fórmula.

Mis ascensos han sido suspendidos, interrumpidos, desconocidos y frustrados. He tenido que empezar cinco veces y he enfrentado persecución administrativa y judicial en más de dos ocasiones. Encontré desahogo en la pluma: seis libros adicionales.

Querido lector, la crisis de violencia y seguridad no es nueva ni depende de un partido. Todos los colores y movimientos que administraron el país llegaron con redes criminales o cayeron en acuerdos y connivencias, inicialmente forzados, hasta conformar sociedades que trascendieron al tiempo.

Por eso no debe "alarmarnos" una niñez violenta y una juventud reclutada por la delincuencia organizada. Nacieron en un México corrupto y violento, normalizaron la desaparición de familiares y aprendieron a admirar la trampa y el delito.

No sigamos alarmándonos; pensemos para actuar, y de inmediato.

Urge una limpieza nacional en todos los sectores, corresponsables de más de 580 mil muertos por homicidio y aproximadamente 122 mil desaparecidos desde el inicio del milenio.

¿Por dónde empezar? Existen estrategias y casos de éxito en otros países. Lo que sí me queda claro es que no será la clase política mexicana quien lidere esta inmediata transición nacional.

Bernardo Gómez del Campo

Consultor en Seguridad Integral

@BGomezdelCampo

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