Narcopandemia, urge una vacuna

El fenómeno delictivo en Sinaloa se caracteriza por un aumento en secuestros y extorsiones, afectando principalmente a hombres en edad productiva y reflejando un cambio en las tácticas criminales.

Narcopandemia, urge una vacuna

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Bernardo Gómez del Campo

Si queremos entender un poco más el fenómeno de la delincuencia organizada en el país, les recomiendo revisar el reportaje La narcopandemia se ensaña en Sinaloa, publicado en la revista Proceso del mes de agosto del presente año.

En esta investigación, con datos de la Fiscalía General del Estado de Sinaloa y el Secretariado Ejecutivo del Sistema Estatal de Seguridad Pública, la Coordinación General de ese consejo publica una tabla donde señala los delitos que disminuyeron e incrementaron.

Llama la atención, por ejemplo, la disminución del homicidio doloso en un 13.3% contra el aumento del feminicidio (una modalidad de homicidio) en un 128%, sin mencionar, por supuesto, el estatus de la cifra de desaparecidos que, según fuentes de la propia fiscalía local, ha aumentado en un 44%. Desgraciadamente, la mayoría de ellos termina en homicidio doloso.

Por otro lado, ha disminuido el robo a comercio en un 36%, pero ha aumentado la extorsión en un 27%, delitos relacionados, puesto que le reditúa más al delincuente sinaloense extorsionar un establecimiento mercantil que robarlo; se roba una sola vez, se extorsiona en forma permanente.

Ha disminuido la privación en un 7.4%, pero ha aumentado el secuestro en un 100%; recordemos que le privación ilegal de la libertad es la antesala del secuestro, lo que significa que la gente ha dejado de denunciar la privación porque ya son víctimas directamente del secuestro.

Así podemos terminar la columna analizando el juego de estadísticas que utilizan los gobiernos para publicar sus exitosos resultados. Sin embargo, ¿si la incidencia cae, por qué aumenta la violencia? Nadie del gabinete ha podido explicarlo.

Dentro del mismo reportaje se publica una imagen sobre "personas desaparecidas, no localizadas y localizadas por rango de edad", que abarca el periodo 2024-2026, destacando que son los hombres en edad productiva que oscilan en un rango que va de los 20 a los 34 años las víctimas de estos delitos y que representan un 47%.

¿Qué lectura le podemos dar al hecho del aumento de delitos como el secuestro y la extorsión, muchos de ellos materializados en homicidios producto de desapariciones en rangos de edades productivas?

La respuesta es la peculiaridad del fenómeno delictivo en el estado representado por el enfrentamiento de dos grupos rivales, antes hermanados por sangre y sociedad; por un lado, Los Chapitos, integrado por los hijos Joaquín Guzmán Loera: Iván Archivaldo, Jesús Alfredo, Ovidio y Joaquín, todos ellos en un margen de edad entre los 36 y 45 años. Por el otro, tenemos a La Mayiza, representado por el hijo de Ismal el Mayo Zambada, Ismael Zambada Sicairos, y asociados, que rondan las edades de 30 a 50 años.

En resumidas cuentas, la cúpula de ambos grupos se inicia en las prácticas criminales entre los 18 y 35 años de edad, creando, a lo largo de dos décadas, una serie de experiencias y aprendizajes que los han llevado a actuar con un criterio delictivo muy diferente al de sus padres, donde  pareciera que los homicidios no son lo más relevante para ellos, sino los secuestros, la extorsión y su culminación en una desaparición en caso que "las negociaciones o presiones" lo ameriten, todo ello en un marco de violencia ascendente.

Estamos frente a una generación pérdida de ciudadanos sinaloenses, sea por víctimas de desaparición o ser los victimarios de esos delitos; por haber nacido y crecido en un ambiente criminógeno o por ser parte directamente de aquel; por aprender y entender el negocio ilegal para hacerlo lícito o por disfrutar de esos recursos de procedencia criminal.

¿Qué hacer? Seguramente no lo que se está haciendo.

Bernardo Gómez del Campo DB

Consultor en Seguridad Integral

@BGomezdelCampo

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