Regular lo que no espera

México trabaja en un marco normativo para inteligencia artificial, con reformas legales y creación de comisión especial en el Congreso.

Regular lo que no espera

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Guillermo Ortega Rancé

Señal: Europa activa nuevas reglas para IA

Tendencia: la regulación corre detrás de la tecnología

El pasado 2 de agosto entró en aplicación una nueva etapa de la Ley de Inteligencia Artificial de la Unión Europea. Entre otras obligaciones, los proveedores deberán informar cuando una persona interactúe con determinados sistemas de IA e incorporar mecanismos para identificar contenidos generados o manipulados artificialmente. También deberán advertirse los deepfakes y ciertos contenidos de interés público producidos mediante inteligencia artificial.

Es otro paso en el intento más ambicioso hasta ahora por construir reglas para una tecnología que cambia más rápido de lo que los gobiernos pueden regularla.

La Comisión Europea presentó su primera propuesta en abril de 2021. ChatGPT todavía no existía. Cuando comenzó la negociación, la preocupación estaba principalmente en algoritmos capaces de clasificar personas, recomendar decisiones o automatizar procesos. Durante el camino irrumpió la inteligencia artificial generativa y el texto tuvo que adaptarse. Ahora que algunas de esas reglas empiezan a aplicarse, la frontera vuelve a moverse hacia agentes capaces no sólo de generar contenido, sino de utilizar herramientas y ejecutar acciones con creciente autonomía.

No es que Europa sea particularmente lenta. Las instituciones regulatorias lo son frente a una tecnología que evoluciona en meses.

Estados Unidos ha seguido una ruta más fragmentada y cautelosa frente al riesgo de que una regulación excesiva limite su liderazgo tecnológico. China tiene mayor capacidad para imponer rápidamente reglas administrativas y ya ha regulado algoritmos, inteligencia artificial generativa y contenidos sintéticos. Sistemas políticos muy distintos, con aproximaciones también diferentes, enfrentan la misma dificultad: las reglas llegan cuando la tecnología ya se está moviendo hacia otra parte.

México está todavía algunos pasos atrás, aunque sería injusto decir que el país no ha hecho nada.

Durante los últimos años se han presentado numerosas iniciativas desde prácticamente todo el espectro político. El Senado ha organizado conversatorios, consultado especialistas y elaborado documentos técnicos. Existen propuestas sobre transparencia, derechos digitales, procesos electorales, ciberseguridad y uso gubernamental de IA. Este año se reformaron también las leyes Federal del Trabajo y Federal del Derecho de Autor para proteger la voz y la imagen de intérpretes frente al uso de inteligencia artificial. En abril, la Cámara de Diputados creó además una Comisión Especial con el propósito de impulsar un marco normativo integral.

Hay actividad; lo que todavía no hay es una arquitectura general que convierta ese trabajo en reglas claras.

Mientras tanto, empresas, gobiernos y millones de personas ya utilizan estos sistemas. Los modelos que adoptamos fueron desarrollados principalmente fuera de México e incorporan, explícita o implícitamente, decisiones tomadas bajo las reglas y prioridades de otros países. El vacío regulatorio no permanece vacío.

Llegar después, sin embargo, también ofrece una oportunidad. México puede observar los problemas de quienes comenzaron antes y evitar la tentación de simplemente copiar sus modelos. La experiencia europea muestra lo difícil que resulta mantener una legislación detallada al ritmo de esta tecnología. Nuestro país necesita principios estables sobre responsabilidad, transparencia, seguridad y protección de derechos, pero también capacidad técnica e instituciones suficientemente flexibles para adaptar las reglas conforme cambien las capacidades y los riesgos.

México no necesita ser el primero en escribirlas. Pero tampoco puede esperar a que la inteligencia artificial se estabilice, porque probablemente no ocurrirá. En esta carrera, llegar tarde no significa solamente regular después. Significa descubrir que buena parte de las decisiones que queríamos tomar ya fueron tomadas por alguien más.

Guillermo Ortega Rancé

@ortegarance

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